lunes, 19 de agosto de 2013

La magia de las vacaciones de verano en la bahía de Arcachon

La infancia es el territorio de la aventura, donde la magia de lo imprevisible surge en el momento menos pensado con descubrimientos inolvidables, como las vacaciones de toda una vida de este verano en la espectacular bahía francesa de Arcachón. Las retinas de los niños se alumbraron ante el entusiasmo de contemplar dos mares antagónicos, el pequeño chico, que se encogía y expandía como un acordeón hechizado, y el imponente Atlántico con su poderoso oleaje. Tal vez áun no eran conscientes, pero el insólito lugar era lo más parecido al País de nunca jamás de Peter Pan.
Arcachon seduce al visitante con una naturaleza exuberante que concentra playas, dunas y bosques. Su mar interior, en  el que una porción del Atlántico queda atrapado por un cordón arenoso, es el corazón de este paraíso. La fuerza de las mareas produce un efecto sorprendente hasta hacer desaparecer el mar por momentos dejando una estampa fantasmagórica de barcos naufragados en el fondo marino en espera de la pleamar. El fenómeno recuerda al Monte Saint-Michel de la Normandia gala, el único en el mundo que se convierte en isla con la venida de las aguas. La bahía de Arcachon reduce su tamaño en cuatro veces hasta quedarse en 40 kilómetros cuadrados en marea baja.

La ostricultura, una actividad artesanal desarrollada en la zona desde hace siglos, acaba por rematar este halo de leyenda. Las costas de Arcachon se pueblan de pequeños puertos de pescadores con el genuino encanto de sus tradicionales casas de madera. Las antigua cabañas que en el pasado sirvieron de base de operaciones de los ostricultores en los bancos de arena de la bahía son el pequeño tesoro que disparan la imaginación infantil.
Nosotros tuvimos la suerte de desembarcar en una de estos islas gracias a la hospitalidad de nuestros encantadores amigos franceses. Llegamos al pequeño asentamiento con nuestra tropa de niños dispuestos a revivir las aventuras de los piratas, una tarea francamente sencilla. El paisaje alimentaba el misterio con la magia de su soledad rota por las tímidas olas de la bahía. La isla era el lugar ideal para perderse a voluntad con sus senderos naturales flanqueados por matorrales costeros.

A los mayores nos esperaban los placeres de la cocina con una degustación de las finas ostras del lugar aderezado por un buen vino (llamarme loco, pero yo me resisto a comerlas porque no puedo evitar el desagrado de su pulposo aspecto).
Han pasado varias semanas, pero todavía me acuerdo el lamento de mis hijos, dispuestos a quedarse a vivir en la bella Arcachon. Arrebatos infantiles, sin duda, pero algo de mí también quedó en aquellas marismas verdes. En el recuerdo el aroma a mar y marisco de una bahía de la que surgen infinidad de estacas en las que se desarrollan las ostras. Aunque hemos vuelto, el regreso queda cada vez más cerca!

martes, 30 de julio de 2013

Llámale como el Príncipe George (si no sabes un nombre para tu bebé)

Si no sabes cómo llamar a tu bebé llámale como el príncipe George. Será fácil, cómodo y rápido como rellenar una encuesta por Internet. Tu hijo no tendrá un nombre muy personalizado, pero gozará de una porción del aroma Windsor, muy apreciado para los amantes de la monarquía, las celebrities o incluso el pijerío sin más. Antes de echarte atrás, piensa en la cantidad de horas de discusión que te habrás librado.

miércoles, 10 de julio de 2013

Cómo hablar con un bebé

Se tiene la percepción extendida de que los bebés no hablan, pero cualquier padre sabe que hasta los recién nacidos comunican por los codos. El llanto es el lenguaje exclusivo de los pequeños con el mundo exterior aunque su capacidad de expresión es tal que les permite abarcar todos los matices posibles. Sin embargo, sin ser arameo, este código requiere de unas nociones básicas para que los padres puedan entenderlo. La primera de ellas y la principal: el conocimiento de la vida del bebé. La comunicación con los recién nacidos es uno de los grandes misterios para los padres primerizos hasta el punto de colocarles al borde de la desesperación. Pocas cosas provocan más desgaste e impotencia que un bebé atronando incesantemente con esa catarata de lloros que parecen incontenibles. En ese momento te sientes como un náufrago en pleno temporal cuando olas como montañas estallan en tu cabeza.
Afortunadamente, aunque parezca sorprendente en pleno ataque de lloros, los llantos también tienen un final. Para el novato principiante de padre el suceso refleja crudamente las dificultades de la nueva faceta donde no hay transición posible y para la que nadie te ha preparado. Las circunstancias te obligan a desarrollar un sexto sentido a toda velocidad y te introducen de lleno en la paternidad. ¿Alguien dijo que era fácil?
Superado ese momento de angustia, de pánico diría, las pautas del desarrollo del pequeño salen al rescate del progenitor. Básicamente, el llanto es la voz de alarma del bebé empujado por su instinto de supervivencia. Los padres son atropellados por ese mecanismo de autodefensa que se activa ante cualquier mala sensación del bebé. Sin embargo, la reducida vivencia del bebé reducen los motivos de la crisis.

Las causas del malestar del pequeño se limitan al hambre, al sueño y por supuesto, al propio dolor. Afortunadamente, la naturaleza del bebé parece haber sido desarrollada por un ingeniero suizo. Los hábitos de sueño y de alimentación están pautados al milímetro en el tiempo. Por eso, la hora es un gran indicador de las necesidades del bebé.
En este caso, el llanto funciona como una alarma horaria, como ocurre en el caso de la comida o el sueño. Los dolores también suelen estar relacionados con problemas para conciliar el sueño o de digestión. No hay que olvidar que el cuerpo del bebé está en rodaje en este mundo y estrena un nuevo modo de vida tras su estancia de nueve meses en la reconfortante oscuridad del útero. También él tiene que adaptarse a este descubrimiento de la vida exterior en un mundo extraño que le obliga a alimentarse fuera del cordón umbilical y a descubrir los sonidos y las luces con una intensidad desconocidas hasta entonces.
El conocimiento de los hábitos y de los pequeños trastornos del bebé te darán la tranquilidad y confianza para superar el trance. En muchas ocasiones no podrás evitar el llanto incontrolado, pero sabes su origen y su desenlace más probable, el pequeño durmiendo nuevamente. La complicidad es otra de tus nuevas armas que te permiten transmitir tranquilidad al bebé para facilitar su sueño. Una canción de cuna, ya sea de cosecha propia o de las de toda la vida, carantoñas, y paseos ayudan a superar la situación.

miércoles, 3 de julio de 2013

El bautismo o la boda de los bebés

Para muchas mujeres, y bastantes hombres también, el día de la boda forma parte de uno de los momentos más memorables de la vida (siempre que no se empañe con los sinsabores de la separación). Sí, el imaginario colectivo señala a este rito como paradigma de la felicidad exultante. Ocurre que la amnesia de nuestros primeras andanzas en este mundo de simbolismos nos impide recordar nuestro episodio de mayor protagonismo quitando el nacimiento: El bautismo.
De alguna forma el bautismo es una especie de boda para bebés en el que los pequeños son el indiscutible centro de atención (salvo por el inevitable familiar empeñado con cumplir con el manual del egocentrista que llama a arrasar con todo para usurpar el protagonismo ya sea por encima de la novia o del bautizado).
Llega el momento del bebé a destiempo, como todo en esa época, porque la criatura permanece demasiado absorbida por sus propias necesidades básicas. El pequeñajo se viste de blanco como la novia, pero no tiene que compartir protagonismo. Todas las miradas se dirigen a él y si es varón no quedará relegado por el magnetismo de la chica al penetrar el altar.
De blanco impoluto, el pequeño permanece ajeno a este ceremonial y tampoco extraña su ropa habitual mucho más mundana, tal es su capacidad de abstracción. Es más, vive el momento con ese toque de irreverencia que lleva la inconsciencia para desesperación de sacerdotes que eleva el instante a una transcendentalidad infinita.
Yo, que me ajusto a la ceremonia por cuestiones de forma más que de fondo y que no puedo evitar un bostezo mental con cada sermón eclesiástico, me divierto de forma furtiva por la impotencia del religioso cuando el bebé impone sus pequeños bemoles con lloros, gritos o lo que le surja sobre la marcha.
De alguna forma, esta inconsciencia puede resultar una bendición para un pequeño manejado por un ejército de mayores. Hay cosas que es mejor no recordar, como cuando te sujetaban del pañal y ya de mayor descubres la instantánea y piensas indignado pero de dónde me agarra el jodido este. Ese tipo de cosas ocurren también en el bautizo, cómo el llevar ese vestido unisex de diseño de damisela que de adulto te convertiría automáticamente en una DragQueen celestial. O en una mini papa en una noche de carnaval con tanta blancura cegadora. Pero no es algo que se pueda negociar, el vestido se transmite de generación y su descarte provocaría en la familia terremotos y tsunamis, por lo menos.
Para el bebé es un día más. De hecho, es un día peor porque probablemente se sienta más incómodo por esos ropajes caballerescos o por no poder darse el paseo que necesita para su cabezadita porque hay un señor de negro que no para de hablar y ‘mis padres no paran de escucharle’.
La experiencia acaba en el convite y el bebé ya puede disfrutar de una relajación general. Se oyen risas y voces de mi familia más cercana y ya nadie me manda callar si protesto con un llanto. Otra vez el carrito me mece con el ir y venir y sueño con un mundo feliz porque desconozco las amenazas de este mundo. Por desconocer desconozco lo que ha pasado y cuál es el sentido de asarme en tantos ropajes a lo repollo que les ha dado por ponerme.
El destino probablemente preserve al bebé ese pequeño momento de gloria social superando la juventud si quiere formalizar ese sentar la cabeza. Pero eso ya son aventuras de mayores.

miércoles, 5 de junio de 2013

La leyenda del mítico San Mamés desde los ojos de un niño

Se apaga la llama del mítico campo de San Mamés y los recuerdos imborrables se abren paso en los ojos emocionados de un niño. Durante mi infancia este estadio del Athletic de Bilbao forma parte de la leyenda y se aparece en la excitante nebulosa de un sueño hecho realidad. La gloria aguarda en ese verde intenso que brilla como un trozo de cielo en medio de un graderío atronador. San Mamés, la catedral, pone hoy fin a 100 años de brillante historia y se prepara para el derribo de mañana, pero la vivencia del niño perdurará para siempre en el recuerdo de adulto.
El campo de fútbol forma parte del santuario infantil, el paraíso de nunca jamás, un territorio de magia y aventura. Su presencia se sitúa a la misma altura de los mitos de la niñez junto a los protagonistas de la Navidad, Reyes orientales y Papá Noeles, los todopoderosos superhéroes o los tenebrosos personajes de vampiros y zombis. La emoción te sacude en una corriente de euforia donde todo es posible. No hay espacio para el fracaso, no hay temor por lo que aguarda el porvenir.
El fútbol es parte de las certezas de la etapa infantil donde la justicia universal funciona. Tan sencillo como que los buenos ganan y los malos pierden. Y en el campo los buenos visten de rojiblanco y se hacen llamar leones. La realidad se difumina por el encantamiento de la edad.
Ni siquiera Messi es mejor de los nuestros. Tampoco Casillas podrá con Iraizoz hasta que la edad nos quite la venda de los ojos. Para entonces habremos vivido los primeros sinsabores de la madurez, los golpes de realismo que desnudan a los Reyes Magos, que no existen más que como reclamo de centros comerciales.
Yo tuve la suerte de niño de vivir años de vino y rosas que hicieron posible que la fantasía de la niñez no tuviera que maquillar la realidad. Eran tiempos en los que el genio de Maradona hincaba la rodilla en el fiero San Mamés, y los grandes temían la visita por la intensidad de la cita. La gabarra surcaba la ría en celebración de campeonatos que se alejaban de Madrid y Barcelona.
La épica estaba del lado del Athletic apoyado por la fuerza de la historia cimentada en la singularidad de su origen local en un deporte de expatriados. El sentimiento de pertenencia creaba un vínculo irrompible entre la grada y los jugadores que hacía del campo un fortín. Todavía se recuerda a esos jugadores de raza que se imponían a las estrellas, los Goikoetxea, Zubizarreta, Dani, Argote De Andrés.....
San Mamés, niño

Esta misma historia la he revivido en los ojos de mi hijo cerrando el círculo de una ilusión que se transmite de generación en generación. Aunque de forma más efímera, también ha podido disfrutar de la gloria de un Athletic de leyenda capaz de imponer su ley sobre los grandes señores del fútbol europeo como todo un Manchester United desbordado.
La fiebre rojiblanca se desató en toda Bizkaia y como a principios de los 80 las banderas ondeaban en las casas de la gente y los niños acudían a clase con la camiseta del equipo. Algún día nos acordaremos del gran Marcelo Bielsa, el loco clarividente que nos ha devuelto el orgullo y la fe.
Mi hijo llegaba a su asiento hechizado por el ritual del fútbol, la oleada de banderas y el clamor de la grada. A falta de conocimiento del juego, era el aroma de las grandes ocasiones lo que le llenaba. Me río a veces de su desorientación en el momento de percibir el sentido del juego. Lo que no cambiaba es la satisfacción por la victoria, el orgullo de sentirse los mejores.
La historia de San Mamés acaba por reencarnarse en el poder de la camiseta. El mítico estadio será derrumbado mañana tras el homenaje final de hoy. A su lado, a penas separado por una estrecha calle, se levanta va tomando cuerpo su sustituto, San Mamés Berria, insultantemente moderno. La estampa del viejo campo se pierde, incluyendo su característico arco, todo un símbolo del Bilbao de siempre. Las tardes de gloria volverán en formato 2.0, la garra del león resurgirá en medio de la emoción de grandes y pequeños. Nada será igual, todo volverá a ser como siempre. Grande San Mamés!

lunes, 20 de mayo de 2013

Momentos mágicos en #PuenteDeEmociones

#PuenteDeEmociones nos trasladó a otra dimensión, a la aventura en el lugar más imprevisible, en el momento más imprevisto. El imponente Puente Colgante se soltó la melena el pasado día 12 y se dejó atrapar por la adrenalina con el despliegue de una tirolina que aterrizaba en pleno paseo de la desembocadura de la ría de Bilbao, en el lado de Las Arenas. Además, nos descubrió los secretos de su estructura de hierro que hace posible que cientos de miles de viajeros crucen la ría a lo largo del año. Aquí va un pequeño resumen fotográfico para que los que fuisteis reviváis este recuerdo mágico. Para los que no tuvieron esa suerte os puede servir para conocer un monumento mundial que de verdad merece la pena. Os lo aseguro.
El álbum de fotos llega un poco tarde. Al más puro estilo de la ley de Murphy lo que puede salir mal salió mal. Me refiero a que mi ordenador está en el taller con todas las fotografías y vídeos, incluyendo la mía antes de descender, porque antes de hablar hay que saber ;-). Gracias al gran Mikel Agirregabiria puedo haceros revivir el momento que es lo que importa. Aquí os dejo unas imágenes, que las disfrutéis.




jueves, 2 de mayo de 2013

Puente de emociones, una experiencia inolvidable en el Puente Bizkaia


#PuenteDeEmociones es el pasaporte a la esencia del viaje que te atrapa y te seduce con la sorpresa de una experiencia inolvidableel primer Social Travel de la ría Bilbao. El Puente Bizkaia será el escenario este domingo día 12 en Getxo y Portugalete de un encuentro emocionante con la visita gratuita a su armazón de hierro a lo largo de su pasarela. El legendario transbordador reserva a los niños un espacio para la aventura con una tirolina a 9 metros de altura.
Siempre me ha maravillado la capacidad de los niños de descubrir en cada viaje un acontecimiento extraordinario. Donde los mayores vemos ruinas ancestrales o visitas organizadas repletas de sesudas explicaciones ellos encuentran aventura, emoción y sorpresa. Su imaginación les muestra leyendas de piratas, tesoros, dragones y princesas. Viajan con el corazón para sentir cada instante.
#PuenteDeEmociones se propone recuperar ese espíritu mágico y plantea a los participantes descubrir la historia del mayor símbolo del esplendor industrial de la ría. Su aparición culminó varias décadas de avances impresionantes que hicieron de Bilbao uno de los principales centros económicos de España.
El Puente Bizkaia fue un prodigio arquitectónico que permitió superar las barreras naturales de la ría que dificultaban el desarrollo social de las dos grandes poblaciones de su desembocadura, Portugalete y Las Arenas.
La imaginación y la pericia inspiraron a su creador, Alberto Palacio, que construyó en 1893 el primer puente transbordador del mundo para compaginar el tránsito de barcos con el transporte de personas y viajeros en ambas márgenes. Su aparición causó admiración en Europa con encendidos elogios de personalidades como el mismo Eiffel.
Como organizador tengo la satisfacción de invitaros a todos un viaje memorable el 12 de mayo. De anticipo os dejo el vídeo del realizador Anton Uribe, director de Bizkaia todo lo que soy, la campaña turística vizcaina del pasado verano. Siente el #PuenteDeEmociones!.







Lugar: Puente Bizkaia, Las Arenas y Portugalete.
Fecha: Domingo 12 de mayo de 10.00 a 12.45 horas.
Actividades: Puertas abiertas con visita gratuita a la pasarela. Una tirolina para los menores de 15 años.
Nota: Consulta condiciones en la tienda del puente junto a la taquilla.