La magia de los Reyes Magos se acercaba en el calendario cuando de pronto estalló la temida bomba que todos tememos: Los padres son los Reyes. Mi hijo mayor me lo soltaba a quemarropa tan sorprendente como inesperado. La identidad secreta de los soberanos de Oriente quedaba al descubierto, mi faceta de repartidor de ilusiones desmontada. Llegado a este punto tocaba activar el plan de emergencia, ¿reconocer la realidad?, jamás!!
El espíritu de la Navidad se gana con ilusión, pero también con decisión. Al final acabará por imponerse la realidad sin alma que desnuda poco a poco el encanto de la infancia. Ese proceso reducirá la Navidad a un maratón consumista aderezado por comilonas infinitas y villancicos acartonados. ¿Es eso lo que queremos para nuestros niños?, no a los 7 años. Había que neutralizar la amenaza con toda contundencia que fuera posible. ¿Cómo que los reyes somos los padres, me has visto con pinta de rey del desierto con barbas hasta el ombligo?.
Como suele ser habitual, la crisis de fe llegó con una niña mayor que conocía la realidad y tenía que propagarla para hacerse la interesante, la típica tentación de popularidad en la etapa preadolescente.
"Me ha contado la hermana mayor de Jon que los Reyes no existen y que son los padres. Y que tampoco existe el Ratoncito Pérez".
En ese momento os recomiendo sangre fría y muchas voluntad para salir del callejón de las dudas infantiles.
-"¿Ah, sí? y cómo llegan los regalos en mitad de la noche?", pregunté.
-"Los has traído tú", contesta racionalmente.
Contraataco desde el sentido común. ¿No es una escena absurda llegar a hurtadillas a tu propia casa en mitad de la noche con regalos?:
-"Claro, no tengo otra cosa qué hacer"
Y remato: "Y que pasa con la bandeja de queso que le dejamos al ratoncito y que estaba vacía".
Mi hijo seguía sin dejar su brazo a torcer.
-"Te lo has comido tú".
Nueva dosis de realismo bien empleada:
-"Seguro, me voy a colar para comer sin hambre el queso a escondidas para que no me descubras".
Y ya remato con un ataque frontal a la delatora de los Reyes Magos:
-¿Sabes lo que pasa?, que a la hermana de tu amigo no le traen regalos porque no cree en los reyes". Mensaje más que subliminal: NO LE TRAEN REGALOS.
Bueno, no sé si llegué a ser realmente convincente, pero creo que superé la primera amenaza real.
Salvamos los muebles y hoy quedan pocas horas para que vuelva a revivir la magia real.
Dios salve al rey!. Disfrutar los Reyes y ser buenos!
Testimonio de un padre de familia numerosa sobre el mundo infantil donde se recogen con una nota de humor consejos prácticos, viajes, nutrición, ocio....
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lunes, 6 de enero de 2014
viernes, 4 de enero de 2013
Mi carta de los Reyes Magos
La Noche de Reyes es un remanso de paz para los padres. El sorprendente trío tiene tanto poder que es capaz de convertir a nuestros diablillos en ángeles celestiales. Obedientes, ordenados, silenciosos si hace falta, todo es poco con tal de lograr los favores de los Reyes Magos en busca de los deseados regalos.
"¿Si pienso muy fuerte en eso y me porto bien me lo traerán papá?".
"Sí, cariño".
Una tarde cualquiera de cualquier día del año genera un sinfín de tiras y aflojas. ¿Alguien lo duda?, la relación padres-hijos es una lucha soterrada de poder. Basta un "chicos venir a bañaros" para descubrir que tus hijos acaban de tramitar con Suecia un cambio de nacionalidad porque nadie podría hacerse mejor el sueco que ellos. También podría ser que se planteen su futuro un funcionarios. Todo hay que pedírselo por cuadriplicado.
El día a día pone a prueba los recursos paternos para sacar adelante el día. El palo y la zanahoria se refuerzan con arengas de sargento chusquero, un toque de finezza diplomática, ruegos desesperados y una apasionada terapia de coaching. Cuando llega la noche y los terremotos yacen inmóviles en sus pequeñas camas una sensación de alivio se apodera de ti. Levantarse, vestirse, desayunar, llegar al colegio, hacer los deberes, merendar, bañarse, cenar e ir a la cama son los campos de minas diarios a sortear. Y da igual que hayas ganado la batalla, la guerra es infinita.
En esas estás tu con el casco de infantería puesto cuando tres desconocidos de Oriente obran el milagro. Basta con que un tal Gaspar, Melchor y Baltasar asomen por el horizonte imaginario para que tu trinchera aparezca como un bucólico cuento de hadas con querubines de cabellos dorados y sonrisas encantadoras. Nuestras plegarias hechas realidad, ¡llegan refuerzos!.
Es en estos días cuando los padres tenemos el arma de disuasión más poderosa de la era infantil. La fórmula es sencilla se empieza enunciando la instrucción, como no te comas/no órdenes/pegues a tu hermana/le chinches, para rematar con la amenaza bíblica del carbón. Estoy tan encantado con el método que ha sido lo primero que he pedido en mí carta: "Queridos Reyes Magos he sido bueno y quiero pediros que os paséis una larga temporada en casa, o mejor aún, que os vengáis a vivir todo el año. Atentamente, un padre". Esperaré ansioso al día de Reyes a ver si se han cumplido mis deseos....
"¿Si pienso muy fuerte en eso y me porto bien me lo traerán papá?".
"Sí, cariño".
Una tarde cualquiera de cualquier día del año genera un sinfín de tiras y aflojas. ¿Alguien lo duda?, la relación padres-hijos es una lucha soterrada de poder. Basta un "chicos venir a bañaros" para descubrir que tus hijos acaban de tramitar con Suecia un cambio de nacionalidad porque nadie podría hacerse mejor el sueco que ellos. También podría ser que se planteen su futuro un funcionarios. Todo hay que pedírselo por cuadriplicado.
El día a día pone a prueba los recursos paternos para sacar adelante el día. El palo y la zanahoria se refuerzan con arengas de sargento chusquero, un toque de finezza diplomática, ruegos desesperados y una apasionada terapia de coaching. Cuando llega la noche y los terremotos yacen inmóviles en sus pequeñas camas una sensación de alivio se apodera de ti. Levantarse, vestirse, desayunar, llegar al colegio, hacer los deberes, merendar, bañarse, cenar e ir a la cama son los campos de minas diarios a sortear. Y da igual que hayas ganado la batalla, la guerra es infinita.
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| Los regalos son uno de los mayores estímulos para los niños. |
En esas estás tu con el casco de infantería puesto cuando tres desconocidos de Oriente obran el milagro. Basta con que un tal Gaspar, Melchor y Baltasar asomen por el horizonte imaginario para que tu trinchera aparezca como un bucólico cuento de hadas con querubines de cabellos dorados y sonrisas encantadoras. Nuestras plegarias hechas realidad, ¡llegan refuerzos!.
Es en estos días cuando los padres tenemos el arma de disuasión más poderosa de la era infantil. La fórmula es sencilla se empieza enunciando la instrucción, como no te comas/no órdenes/pegues a tu hermana/le chinches, para rematar con la amenaza bíblica del carbón. Estoy tan encantado con el método que ha sido lo primero que he pedido en mí carta: "Queridos Reyes Magos he sido bueno y quiero pediros que os paséis una larga temporada en casa, o mejor aún, que os vengáis a vivir todo el año. Atentamente, un padre". Esperaré ansioso al día de Reyes a ver si se han cumplido mis deseos....
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