martes, 12 de agosto de 2014

Luces y sombras del primer chiringuito de España

Los chiringuitos son uno de los símbolos del verano español y protagonizan la estampa cotidiana de la cervecera playera de tapas y pescaditos, aunque su origen se remonta a un pasado más antiguo y distinguido en el paseo de Sitges, donde se halla el primero de todos. Es lo que tiene ser padre de niños pequeños condicionado a los imprevistos infantiles, que de pronto y sin quererlo te conviertes en un explorador.

Así ocurrió en julio cuando nos topamos con el chiringuito original en el paseo costero de Sitges. Nada hacía presagiar que nos encontrábamos ante un trozo de la historia gastronómica porque el local se empeñaba en enterrar su pasado con carteles de comida playera para guiris encabezados por la omnipresente paella. 

Además, su aspecto desangelado, sin un alma en un atestado viernes de finales de julio, le hacían especialmente sospechoso. Me acuerdo que pensé, acaso sirven aquí salmonelosis o algo peor. Por lo demás, el servicio tampoco ayudaba, ni simpático ni desagradable, demasiado indiferente.

Y es lo que tiene ser padre de niños pequeños, que a veces pesa más la comodidad que la prudencia. Con las expectativas congeladas en plenas temperaturas veraniegas decidimos darle el beneficio de la duda para que los niños correteasen en la terraza libres sin crear daños colaterales y porque la falta de cola era tentadora.

Así que dando paseos con el carrito del bebé, tarea inevitable para cualquier padre a estas edades, descubrí que no estábamos en un chiringuito si no en EL chiringuito. Este local se fundó en 1913 como un merendero marítimo, alternativa económica al cercano Pabellón del Mar, que era frecuentado por ricos indianos. 

Precisamente, los propios indianos importaron el término chiringuito de Cuba, expresión que popularizaron los trabajadores de las plantaciones de azúcar. Aquellos esforzados jornaleros aprovechaban los descansos para preparar café a través de en una media fina con la que se filtraba el líquido de los posos. El chorrito que brotaba se llamaba chiringo, que pasó a convertirse en un término genérico de café.

Y así, descubriendo la historia improvisadamente me adentré en el interior del local y descubrí una pequeña galería con imágenes de hace ya un siglo imposibles hoy en día, de veraneantes en chaqueta y corbata con trajes muy oscuros y bigotones. Todo un viaje al pasado.

También descubres que el chiringuito ha evolucionado en una especie de museo del escritor César González Ruano, su más ilustre cliente, del que se dice que recuperó el término chiringuito en la posguerra española. El local conserva intacta el escritorio desde el que Ruano redactaba sus columnas semanales a La Vanguardia. El homenaje se extiende a la fachada donde luce un mosaico que la ciudad le dedicó en 1949 en el que se le cita como padre intelectual del chiringuismo.




González Ruano pasaba por allí cuando los propietarios se preparaban para recuperar el local original, bautizado como el Kiosket, tras los destrozos de un temporal. Entonces el escritor recomendó el viejo nombre colonial Chiringuito para la nueva construcción. 

Afortunada o desafortunadamente, nuestro paso fugaz por Sitges coincidió con la todavía presencia del mosaico. En marzo la escritora Rosa Sala Rose desmonta el prestigio del literato en su obra El marqués y la esvástica, donde descubre que cobró de Goebbels para difundir la propaganda nazi antisemita. Peor aun, hay sospechas de que se aprovechó de la necesidad de los judíos para estafarles con salvoconductos falsos.  


Propaganda nazi

El Ayuntamiento ha reaccionado y en julio retiró al escritor madrileño todos los honores, incluyendo el desmontaje próximo de la placa de la fachada. Su imagen de señorito pícaro, de dandy de mala vida entregado al tabaco y al alcohol, su relación con el exiliado rey Alfonso XIII, le sirvió a González Ruano para labrarse una coartada de falso marqués y vivir como tal de corresponsal en Roma o Berlín durante la Segunda Guerra Mundial

Perseguido por la Gestapo, por corrupto, y condenado a 20 años por el Gobierno francés por colaboracionista con los nazi, su activismo desconocido ha sido demasiado y el autor también ha sido descabalgado del premio que durante los últimos 38 años distinguía a los mejores periodistas españoles.

Tal vez los actuales propietarios del chiringuito, descendientes directos del capitán Calafell, fundador del local, se mantengan muy alejados de la actualidad porque González Ruano sigue siendo su icono. Tal vez esa falta de reflejos tenga relación con el aire viejuno que no clásico del chiringuito de Sitges. Su pasado centenario queda eclipsado entre parafernalias del peor chiringuismo playero y la pose impostora de su farsante literario.

Aun con todo, y con el balance de las últimas revelaciones, me pareció un local interesante por su estética marinera centenaria, un pequeño anacronismo del Sitges vibrante y moderno de hoy en día. Y no, no pillamos salmonelosis, todo lo contrario, disfrutamos de lo lindo con una sabrosa ración de boquerones fritos, puro manjar mediterráneo.

jueves, 5 de junio de 2014

El bebé, aire de libertad de un pequeño rebelde

Lo creáis o no, nadie es tan libre, indómito y salvaje que un niño pequeño, no hablemos ya si es un bebé. Como padre a veces me imagino en el típico Rodeo del Lejano Oeste montando un potrillo desbocado ante el reto de domar lo indomable, puro aire de libertad huracanado. Esa es nuestra lucha diaria encauzar los estímulos incontrolados hacia las pautas cotidianas.

"Mi hijo no me hace caso". Este es uno de los lamentos más recurrentes de cualquier padre. Al menos la realidad tiene dos caras y si bien su libertad es innegociable su dependencia acaba de inclinar la balanza hacia los adultos. Por si fuera poco tenemos un As en la manga definitivo, la admiración que te profesan es tal que son capaces de olvidar tu papel de aguafiestas perpetuo que irrumpes encendiendo la luz y diciendo, 'se acabo la juerga, tienes que comer, irte a la cama, recoger, no pegar, dejar de tirar las cosas al suelo...'

bebé corriendo






También es inevitable, en algún momento te puede entrar la vena romántica y admirar su hambre de libertad, a mi me pasa. La envidia sana se dispara ante su carácter resuelto, el de un tipo pequeño que se hace grande cuando se toma el mundo por montera. ¡Es una auténtico explorador!. Le ves con esa sonrisa pícara, que te dice con la mirada no te hago ni caso, haré lo que me dé la gana y me iré al lado contrario del que me dices. Me fugaré y nada podrá pararme, atrápame si puedes.

Y me parto de risa (de forma anónima y sin reconocerlo a ningún otro adulto, para no parecer un irresponsable sin remedio). Por un segundo te rindes a sus pies, 'Olé, Olé y Olé, que huevitos tiene mi niño, pero que digo huevitos, huevazos! (así de literal, con la testosterona paterna desbocada) ojalá tuviera sus narices con mi jefe o con mi vecino pedorro'.

El idilio se acaba cuando le ves lanzado cómo una flecha hacía una carretera tomada por coches frenéticos. Adiós a la admiración y a la envidia, toca ponerse una vez más el mono de trabajo y marcarse un sprint. Vuelve el cowboy para atrapar al potrillo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Un tesoro de ternura

Una sonrisa, una sola sonrisa grande y cálida basta para iluminarnos el corazón con la certeza de que ha válido la pena, de que el cariño de un hijo es insuperable, de que la ternura es el motor del mundo real de las emociones. Esos diablos bajitos nos vuelven locos, nos quitan el sueño, nos inundan de tareas y responsabilidad, nos impiden la fiesta, a veces no nos dejan trabajar y hasta nos provocan achaques prematuros de vejez incipiente como la lumbalgia. Pero todos los inconvenientes los recompensan con creces, con una sonrisa grande y cálida.
Un niño es un chorro de cariño incondicional, un auténtico oasis en el desierto de emoción que nos asola estos días. Ahora, cuando las personas quedamos reducidos a un número impersonal sacrificable a la sagrada estadística de la rentabilidad, un hijo nos devuelve el calor humano. La indiferencia estalla en pedazos, tenemos el privilegio de ser el centro del universo para esta pequeña personita, ignorante en las cosas de dinero y sabia en las de corazón.

Tenemos al alcance de la mano un tesoro de ternura y no podemos desaprovecharlo. El tiempo pasa volando y desgraciadamente el mundo es un congelador enorme de corazones. Según pasa el tiempo la distancia entre las personas se agranda entre los intereses personales y los obstáculos diarios, el estrés y todas las tareas para ya, que no pueden esperar,aunque no tengan la menor importancia.
Disfruta de cada instante como si fuera el último, juega con tu hijo y descubrirás a un camarada incondicional. Deja el periódico, el móvil, el ordenador, la tablet y baja la vista para descubrirle. Acaríciale, estruja a este osito viviente que se acurruca a tu lado. Con el paso del tiempo descubrirás que la ternura no es eterna y que lo que te perdistes no volverá. Y que lo que sembrastes, las píldoras del cariño, son una conexión indestructible con el corazón de tu hijo.

lunes, 6 de enero de 2014

Los padres son los Reyes Magos

La magia de los Reyes Magos se acercaba en el calendario cuando de pronto estalló la temida bomba que todos tememos: Los padres son los Reyes. Mi hijo mayor me lo soltaba a quemarropa tan sorprendente como inesperado. La identidad secreta de los soberanos de Oriente quedaba al descubierto, mi faceta de repartidor de ilusiones desmontada. Llegado a este punto tocaba activar el plan de emergencia, ¿reconocer la realidad?, jamás!!
El espíritu de la Navidad se gana con ilusión, pero también con decisión. Al final acabará por imponerse la realidad sin alma que desnuda poco a poco el encanto de la infancia. Ese proceso reducirá la Navidad a un maratón consumista aderezado por comilonas infinitas y villancicos acartonados. ¿Es eso lo que queremos para nuestros niños?, no a los 7 años. Había que neutralizar la amenaza con toda contundencia que fuera posible. ¿Cómo que los reyes somos los padres, me has visto con pinta de rey del desierto con barbas hasta el ombligo?.

Como suele ser habitual, la crisis de fe llegó con una niña mayor que conocía la realidad y tenía que propagarla para hacerse la interesante, la típica tentación de popularidad en la etapa preadolescente.
"Me ha contado la hermana mayor de Jon que los Reyes no existen y que son los padres. Y que tampoco existe el Ratoncito Pérez".
En ese momento os recomiendo sangre fría y muchas voluntad para salir del callejón de las dudas infantiles.
-"¿Ah, sí? y cómo llegan los regalos en mitad de la noche?", pregunté.
-"Los has traído tú", contesta racionalmente.
Contraataco desde el sentido común. ¿No es una escena absurda llegar a hurtadillas a tu propia casa en mitad de la noche con regalos?:
-"Claro, no tengo otra cosa qué hacer"
Y remato: "Y que pasa con la bandeja de queso que le dejamos al ratoncito y que estaba vacía".
Mi hijo seguía sin dejar su brazo a torcer.
-"Te lo has comido tú".
Nueva dosis de realismo bien empleada:
-"Seguro, me voy a colar para comer sin hambre el queso a escondidas para que no me descubras".
Y ya remato con un ataque frontal a la delatora de los Reyes Magos:
-¿Sabes lo que pasa?, que a la hermana de tu amigo no le traen regalos porque no cree en los reyes". Mensaje más que subliminal: NO LE TRAEN REGALOS.
Bueno, no sé si llegué a ser realmente convincente, pero creo que superé la primera amenaza real.
Salvamos los muebles y hoy quedan pocas horas para que vuelva a revivir la magia real.
Dios salve al rey!. Disfrutar los Reyes y ser buenos!

jueves, 28 de noviembre de 2013

Aviones de papel, arte en el aire

El misterio de los genes no deja de sorprenderme. Resulta que el mayor manazas de la faz de la tierra, o sea, yo, ha traído al mundo a un artista de las manualidades capaz de crear delicados artilugios volantes, pura poesía aérea. Cuando veo esos aviones de papel me ocurre dos cosas, primero me admiro de la destreza de mi hijo para después celebrar que no haya salido a padre.
La flotilla aérea que ha creado me sirve para sacar pecho y lucir un poco de orgullo paterno. Siento decepcionaros si esperabais una especie de tutorial de manualidades. Si os doy consejos vuestros aviones irán a pique más rápido que la flota de Díaz Ferrán. No es de extrañar que de niño dejará estas labores a mi primo Cosme, otro manitas de la familia.
Pero al menos os puedo ofrecer una galería llena de talento y belleza. Y os aseguro de que además de ser bonitos vuelan. Los aviones han sido decorados con acuarela y tienen un tono rojizo que me encanta. Disfrutar de los prototipos.
Nota: Os imagináis que estos prototipos sean el comienzo de un próximo ingeniero.

avión de papel




viernes, 8 de noviembre de 2013

Visita plena de emoción: Llega el Ratoncito Pérez

Uno de los momentos más especiales de la infancia tuvo lugar esta semana con la visita del entrañable Ratoncito Pérez que llegó por partida doble. El imaginario infantil volvió a obrar el milagro y convirtió un trámite del desarrollo físico, la caída de un diente de leche, en un momento inolvidable para toda la vida.
El momento no podía ser más paradójico fruto del cruce de caminos generacional que se ha convertido esta familia con una pareja de hermanos mayores de la que se descuelga el bebé a 4 y 6 años de diferencia. Llevábamos meses de dientes pequeños y puntiagudos que salían de la boca del pequeño cuando en estas apareció el primer amago de alerta general.
“Se me mueve el diente”, dijo la mediana de 5. A los pocos días el hermano mayor, de 7, se unió a la fiesta. “A mí también, a mí también”, celebraba. (¿Os he dicho que sus fechas de cumpleaños tienen una semana de diferencia?, como si se siguieran los pasos). Cuando era un bebé nos hacía gracia el mayor porque sus dientes tardaban en salir y no dejaban que diera rienda suelta a su legendario apetito. El pequeño sigue sus pasos con la ventaja de una incipiente dentadura que le permite devorar todo lo que le llega.
La leyenda del ratoncito Pérez permite recuperar la celebración de los primeros dientes que nunca se lleva a cabo por la inconsciencia de los bebés. A nosotros nos permitió realizar un simulacro de las Navidades con dos meses de anticipación, tocaba desempolvar y reproducir esa misma tradición que vivimos de niños chicos y que todavía recordamos.
Foto de Aitor Calero

Se repetía el subidón de emociones, el sueño intenso hasta la llegada de el gran día; y la entrada a hurtadillas en el dormitorio en plena noche cerrada. Y por supuesto, nada mejor que el entusiasmo para cumplir con el ceremonial. Había que mantener el diente a buen resguardo, bajo la almohada, para que fuera encontrado por el mágico ratón.
Indispensable, nada de despertarse, si se le sorprende en plena noche se escapa con el premio. Os suena? El amanecer sorprendió a los niños con algunos rastros del paso del roedor, el platito de queso vacío, y lo más importante, unas monedas de recompensa y una carta personal de felicitación.
La leyenda del Ratoncito Pérez es uno de esos pasajes a la fantasía que regala la infancia. Para los padres supone el privilegio de revivir la experiencia desde el otro lado de la barrera. Curiosamente, esta bonita tradición que forma parte del imaginario colectivo infantil nació en el mismo corazón de la corte española a finales de Siglo XIX.
La realeza encargaba al escritor Luis Coloma un cuento para el príncipe, el futuro rey Alfonso XIII, porque a los 8 años se le había caído un diente. Este origen le ha valido para tener un homenaje del Ayuntamiento de Madrid, que colocó una placa física en el domicilio del cuento, en la calle del Arenal número 8.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Con los bebés no hay cambios de horarios que valgan

Dicen que los relojes atómicos son los más precisos de la humanidad, pero eso ocurre porque no se conoce el impresionante reloj biológico de los bebés. Esta semana entrábamos en el horario de invierno, el apaño anual contra la naturaleza para ahorrar luz, pero con los pequeños no hay cambio que valga. A ver quien es el majo que les dice a ellos, maestros de los ciclos vitales, la hora que es.
Los bebés te dan muchas cosas, como su contagioso entusiasmo por la vida, pero también te quitan otras. El pasado domingo teníamos uno de esos pequeños placeres que todavía no ha recortado el Gobierno, el horario de invierno que retrasa el reloj una hora. Vale, el calendario se cobra el préstamo medio año más tarde y nos ajusta cuentas horarias, pero quien no va a disfrutar de esa horita extra de tiempo libre batalleando por ahí o tranquilito en la cama.
Bueno amigos, qué envidia me dáis!. Aquí mi querido bebé me recuerda cada día que eso de la hora es todo un chanchullo. Así que nos tiene por decreto vital en el horario antiguo, lo que supone un paso atrás. A sus 13 meses volvemos a la madrugá, al despertador vocal que te anuncia su hambre o su necesidad de quitarse ese pañal más tóxico que un residuo nuclear. Así que aquí estoy, somnoliento y desorientado que ya no sé ni en que reloj vivo.

Si sois padres, y si no, ya os lo aviso, ya habréis podido comprobar que los bebés no negocian con el reloj. Podéis cambiarle la ropa, sustituirle el osito, hasta darle el cambiazo con el chupete, pero el hambre y el sueño están marcados a sangre y fuego. Pese a quien le pese (esos somos nosotros).
El mayor dictador del tiempo es la personita más pequeña del mundo. Olvídate de la suegra maniática o de la abuela de hábitos de hierro, el bebé es el auténtico señor del tiempo. La primera consecuencia para los padres es que se acabo la improvisación. La hora de comer es la HORA de comer y la hora de dormir es la HORA de dormir, y si no lo lamentaremos. 
Todavía me acuerdo del paseo que traspasó temerariamente los husos horarios. Usaint Bolt todavía está dando las gracias de que no cronometaran mi vuelta a casa así pudo salvar su record. Yo todavía estoy agradeciendo que no hubiera ningún policía porque me hubiera detenido fijo por exceso de velocidad peatonal o por presunto maltrato infantil (es que teníais que ver como berreaba el bendito, que parecía tener amplificadores en stereo).

Consejos

Era mi primer hijo y pagué la novatada. Esa y otras experiencias me enseñaron que hay que programar cada salida con un horario claro de salida y llegada adaptada a las comidas y al sueño. Si la salida se prolonga lo suficiente como para mantenernos fuera de casa tenemos que anticipar los horarios del bebé.
El primer paso es llevar todo lo necesario, que incluye termos de comida (para mantener el calor), toallitas y media docena de pañales (nunca sabes cuando puede sobrevenir un ataque de diarrea). Y tener a mano ropa de recambio porque por mucho babero y macrobabero que puedas usar la capacidad de ensuciarse de un bebé es legendaria.
No todo es malo. Seguro que te vas a organizar mejor, no queda otra.
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