martes, 18 de diciembre de 2012

La Monster High y la fashion victim

"Papi, kero maater jai".  Pensaba que era un momento cualquiera de un día cualquiera, pero todavía no era consciente de que nada sería igual. Mi hija se confirmaba como una consumada fashion victim. Y todavía no llegaba a los 3. De primer arrebato una Monster High, la muñeca postmoderna que se toma el mundo por desayuno tras degustar un divino de Don Pérignon.
    
Hay que reconocerlo, esas muñecas son un bombazo. Su tirón está más que justificado con su estética rompedora y transgresora. Adiós al icono de la cursilería de las Barbies, el atrevimiento llega al poder. Ese reconocimiento llega si estas al otro lado de la barrera. Como padre desarrollas un acusado instinto de control con un fino radar contra las posibles malas influencias (quizás es todo más sencillo, ¿me estará volviendo carca la paternidad?).
Con este filtro de seguridad descubres horrorizado que la muñeca es gótica, lleva mallas y no sé si hasta ligueros, viste un negro funeral salvo las llamativas mechas chillonas. Y es tan lugubremente pálida que parece la novia de Drácula, ¿os he dicho que la muñeca favorita de mi hija es Draculaura?. Solo tiene 3 años y una secta de vampiresas infantiles me la quiere robar. Y sabéis lo peor, que estas Navidades van a caer no sólo Draculaura si no Frankie Stein. Hay cosas contra las que no puedes luchar....

Mi hija en plena revista de muñecas.

Está atracción fatal por las Monster High demuestra lo que yo ya sabía, pero me resistía a reconocer: mi hija es una fashion victim. Anteriormente hubo señales inconfundibles, como su pasión irresistible por el maquillaje que al menor descuido deja en su cara un pegote de pintura de tono carnavalero. Estaba también su visión de lince para detectar a cientos de metros la más minúscula figura de Hello Kitty con apenas un año de edad.  
Y nunca agradecí más el llevarle a un colegio concertado que el primer día de clase. Superado el trance, casi en una batalla a brazo partido por el uniforme, superó el trago al ver a todas sus compañeras igual. Era lo que tocaba. Hasta entonces en el vestuario infantil reinaba la dictadura del pink power. Sólo había una regla, mandaba el «me guta, no me guta».   
Pues sí, esto es lo que hay. En el futuro se abrirán más frentes, así que me preparo tarareando el estribillo de la canción de Radio Futura «....y yo caí, enamorado de la moda juvenil, enamorado de las chicas y los chicos que yo vi, enamorado de ti....»