viernes, 25 de enero de 2013

Cuando tu hijo se convierte en tirano

No lo puedo evitar, es ver el programa de 'Hermano Mayor' de Cuatro con los hijos desatados en modo terrorismo familiar transformados en tiranos y me imagino mi casa transformada en una trinchera bélica. Los peores temores de un padre hechos realidad, ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?. Este es un pequeño recuerdo a los padres y madres sufrientes que viven al borde del infarto.
La tensión se vive a cada momento en todos los rincones y amenaza con un estallido incontrolable. Tu hijo es un tirano que embiste a la menor ocasión. El pretexto es lo de menos, todo vale. Así estás en el desayuno y tu hijo dispara. Se han acabado los cereales. Lo grita y suena a escupitajo: "PPPuTTo viejo". Bueno, y tu respondes porque la paternidad no te hace insensible y además llega un momento en que estás defendiendo tu propio sentido de la dignidad: “¡Niñato!”.
Dicen que 
en el momento final de la vida a algunos se les aparecen del fondo de la memoria las escenas más especiales de la vida como flashes de un trailer improvisado. También pueden sucederse los recuerdos tras uno de estos amargos estallidos familiares; todo el cariño vivido encarnado en bebés de dulce sonrisa y risa sincera. ¿Qué fue de todo ello?, piensas con una punzada en el corazón.
Pedro García Aguado, 'Hernano Mayor'. FOTO: CUATRO

Yo estoy lejos de que eso ocurra, pero la adolescencia cada vez aparece más cerca en el camino y tal vez transforme en odio el amor de mis hijos. De momento, los choques son breves brotes de furia como cuando mi hija estalla y no se contiene. “IDDDiota”, exclama con un mohín de rabia. Pero la tormenta amaina tan rápido como nace y en cuestión de minutos todo vuelve a su ser y la pequeña recupera su sitio como princesa de mi corazón, así, con toda la carga de ñoñería que en el pasado uno jamás habría ni sospechado tener.
Cada hijo es un misterio por descubrir y su evolución sigue su camino en paralelo al de sus hermanos, a pesar de respirar el mismo ambiente. Lo que sí es cierto, reconozcámoslo, es que los niños dan pistas de lo que puede pasar. Son pequeñas señales de alarmas que previenen de la posible llegada del tirano.
Los niños están pendientes de sus aficiones y escapan de las tareas de casa. Terminan la comida y salen en estampida a ver dibujos animados. Se ponen el pijama y dejan en el suelo un revoltijo de ropa sucia. “¿Quién va a recoger todo esto?”, preguntas. Y ellos te contestan con toda naturalidad: “Pués tú”. Ya que se lo has hecho todo siempre por qué cambiar. Están muy cómodos. 
Entonces es indispensable atajar de raíz esta pauta. Tu les cuidas, pero no puedes convertirte en su criado. Tienen sus obligaciones, como cualquier otra persona de la casa. Y así continuará el resto de su vida, ya sea en la familia o en el ámbito laboral.
En este contexto, es importante establecer unos roles claros desde pequeños, una raya que pone a cada uno en su sitio. Es decir, reivindicar la parte razonable de la figura tradicional del padre o de la madre. Puede sonar a carca, pero la autoridad, que no el autoritarismo, es indispensable para que todo funcione. En todos los sitios tiene que haber un responsable para asegurarse de que la convivencia fluye por cauces adecuados con el respeto a unas normas razonables.
Pongamos cerco al tirano!