lunes, 26 de noviembre de 2012

Pequeños indignados

Ahí estaban, puño en alto vociferando consignas de manera perfectamente sincronizadas. Miradas retadoras, el no pasarán por bandera, la sublevación del todo o nada.
La escena se reproducía por la gran determinación de dos pequeños activistas, mis hijos de 5 y 3 años. La perplejidad me superaba, acababa de descubrir que los indignados habían tomado mi casa, que el movimiento Democracia Real Ya cuajaba en el dormitorio de los pequeños reclamando un nuevo reparto de poder.
"Queremos dibus, queremos dibus....", gritaban insistentemente alzando sus puños. Dirigía las operaciones la más pequeña cuyo rostro dibujaba una sonrisa maliciosa, un inequívoco "menudo pollo te estoy montando". A su lado el mayor llevaba el peso de la dignidad con el dolor de la injusticia proyectándose en su máxima expresión.
Este es el puño del recién nacido, que también hace sus prácticas..... 

Sobraban las palabras. No estaban dispuestos a cortar su maratón televisivo por el baño diario. La reclamación era irrenunciable. En ese momento de desconcierto supe con certeza que la teoría de que la realidad supera a la ficción era una verdad como un templo. No digo que mis hijos fueran los más obedientes del mundo, pero no me cabía en la cabeza un estallido contestatario tan coordinado y contundente.
En estas me los imaginaba pasando por un taller de activismo para descubrir el abc de la movilización. Este surrealismo imposible lo situaba en las clases de tenis, adulteradas por un profesor en funciones de agente doble en el papel de infiltrado sindical: "Venga chicos, se han ido los padres, dejemos el drive y la volea y a practicar el movimiento de pancarta".
Menudo papelón, había que atajar la protesta. Os aseguro que la faceta de padre puede ser en ocasiones la más compleja de la vida porque aborda todos los oficios del mundo, maestro, juez, cocinero, enfermero, director de personal, psicólogo....En ese momento el padre policía se reunía con el diplomático en un apresurado comité de crisis.
Había que ganar la batalla pero sin más daños colaterales de los imprescindibles, los niños son los activistas más persistentes que conozco con torbellinos de furia en forma de pataletas interminables. Pero el órdago no podía prosperar porque por razones educativas las reglas y los horarios los marcan los progenitores. Creo recordar que practique el divide y vencerás, un principio que debí adquirir en otro taller imaginario sobre padres revientaprotestas.
A pesar de todo, no creo que fuera un gran logro neutralizar ese descontento, no en vano todavía disfrutamos del comodín de la admiración. Ser el modelo a seguir da una ventaja indudable. Entonces no puedo evitar pensar qué harán el padre policía y el diplomático cuando la protesta la protagonicen dos adolescentes descreídos de la magia parental.