martes, 30 de julio de 2013

Llámale como el Príncipe George (si no sabes un nombre para tu bebé)

Si no sabes cómo llamar a tu bebé llámale como el príncipe George. Será fácil, cómodo y rápido como rellenar una encuesta por Internet. Tu hijo no tendrá un nombre muy personalizado, pero gozará de una porción del aroma Windsor, muy apreciado para los amantes de la monarquía, las celebrities o incluso el pijerío sin más. Antes de echarte atrás, piensa en la cantidad de horas de discusión que te habrás librado.
Con lo de los nombres no hay punto medio posible. Hay padres que se deleitan en la elección como parte de un delicioso ceremonial prenacimiento. Para muchos otros es un campo de minas donde colisionan deseos y recuerdos, sentimientos sobre las personas que te han marcado y cuyo testimonio se encierra en un nombre. Algunos llevan la disputa hasta el registro civil con el nombre aleteando el limbo. Incluso conozco un desencuentro que ha desembocado en un doble nombre para una hija según la llamara el padre o la madre. Eso se llama fomentar la doble personalidad!.

Siempre puedes esperar al conejo blanco, el as en la manga del consenso. Normalmente, el punto de encuentro no provoca satisfacción. Correcto, pero demasiado insípido. No proyecta la imagen que tu te esperas, ni la personalidad. Es un pan sin sal que no indigesta. Como al final hay que nombrarle al pequeño llega el habemus nombre. Antes hay que pasar el filtro de los idiomas; nacional o autonómico, Iker o Fernando; actual o clásico, María o Jessica....Y sí, con demasiada frecuencia aparece la intervención familiar. Efectivamente, el refranero cobra en este caso más significado que nunca: Eramos pocos y parió la abuela.
El pequeño George en brazos de sus reales padres, Kate y Guillermo.
Ojo con los billetes de avión y los trámites administrativos, si no sigues tu registro legal puedes encontrarte con problemas. Ya sabes, los oficialistas no tienen mano izquierda y les sobra suspicacia. Otras fuentes de inspiración, si no eres muy exigente con los nombres, son los ídolos del deporte. Adiós a las ínfulas monárquicas, viva el rey del fútbol. El problema es que tu hijo se puede llamar igual que miles de niños. Es lo que ocurrió en Napoles en la década de los 90 cuando se desató la fiebre de Maradona, héroe del equipo local. Los pequeños Diegos Armandos salían como setas.  Aunque no seas un genio, procura no transmitir en herencia unos genes poco afortunados en el deporte. Y si no, siempre le puedes llamar como tu guitarrista preferido y cruzar los dedos para que no se dé a la vida de Rock&Roll star. Con el nacimiento todos los dilemas y discusiones se diluyen. Ya has elegido y le puedes poner cara a tu nombre. Ahora empezarán otro tipo de discusiones: el parecido, un tema que dará juego toda su vida.